Uno de los miedos que más nos asalta a las mujeres cuando estamos embarazadas es si se respetarán nuestros deseos durante el parto y la estancia en el hospital, y por eso me he decidido a explicar qué derechos tenemos como pacientes para afrontar ese momento con más seguridad.

Desde hace un tiempo hacia aquí, la asistencia hospitalaria para el parto, a raíz de la publicación de la Guía de Práctica Clínica sobre Atención al Parto Normal, del reciclaje formativo de muchos profesionales sanitarios y de que las mujeres están más informadas, ha mejorado. Sin embargo, seguimos encontrándonos muchos relatos en los que las mujeres explican que no se han respetado sus derechos durante el parto, llegando en algunas ocasiones a casos de violencia obstétrica graves.


Para conseguir un mayor respeto, es básico estar informadas y tener las ideas claras sobre lo que queremos en un momento tan vital como es el parto y nacimiento de nuestros hijos, por el contrario, nos podemos encontrar con claudicar ante protocolos arcaicos que nos imponen técnicas que la evidencia científica ha demostrado que no son la mejor opción ni para la mujer ni para el bebé.


 

Me gustaría empezar por la definición de protocolo, que según el diccionario significa conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre.

Los protocolos son eso, una recopilación de reglas a seguir por los profesionales sanitarios de un centro para realizar un acto médico y escudarse tras ellos si hay reclamaciones, pero no son algo inamovible ni que haya que cumplir a rajatabla, sino todos los centros sanitarios tendrían protocolos idénticos, y ya sabemos que eso no es así.

Por otro lado, los protocolos que nos ocupan, que son los de parto, nacimiento, y atención en el postparto inmediato, tienen un documento que está por encima suyo, que es la Guía de Práctica Clínica sobre Atención al Parto Normal.

Por ejemplo, si en el protocolo de la Clínica X dice que la fase de expulsivo debe pasarse en posición de litotomía (tumbada en una camilla), no está en consonancia con lo que dice la Guía, donde se expone basándose en la experiencia científica, que se debe alentar a la mujer (incluso a la que esté bajo el efecto de analgesia epidural) a adoptar la posición en la que se encuentre más cómoda para dar a luz.

Aún por encima de la Guía de Práctica Cínica sobre Atención al Parto Normal, se encuentra la Ley de la Autonomía del Paciente, que indica que todo paciente tiene derecho a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma y adaptándola a su capacidad de entenderla, incluyendo la finalidad y la naturaleza de cada intervención, además de sus riesgos y consecuencias.

Además, dicha Ley dispone que toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado una vez recibida la información de la que os hablaba en el párrafo anterior y éste haya valorado las opciones propias del caso.

Por tanto, si todo el proceso del parto sigue con normalidad su proceso fisiológico y no acontece ninguna urgencia médica, somos las mujeres las que podemos decidir libremente cómo queremos que se desarrolle nuestro parto y cómo queremos que se trate a nuestros bebés en sus primeras horas de vida.

Os pongo otro ejemplo, la mayoría de protocolos dice que se le aplique al bebé una profilaxis oftalmológica sin explicar el porqué de la aplicación de dicha pomada. La Guía también recomienda esa profilaxis, basándose en que según la evidencia científica reduce el riesgo de infección gonocócica (gonorrea) y que no es concluyente para la infección por chlamydia.

Parto respetado

Pero, si nosotras estamos seguras de que no sufrimos gonorrea ni ninguna otra enfermedad de transmisión sexual y hemos pasado por analíticas y cultivos que lo demuestran, podemos plantearnos la posibilidad de librar a la criatura de que le nublen la vista con una crema que no le va a proteger de nada porqué simplemente no hay nada de qué protegerle, y tenemos todo el derecho a decir que no se lo pongan.

Una buena herramienta para anticiparnos y que se nos respete el día del parto, es pedir una copia de los protocolos o de los consentimientos informados del hospital o clínica donde vayamos a acudir, y que tenemos derecho a tener con tiempo suficiente de leerlos con calma.

También se puede preguntar sobre las tasas de inducción, partos instrumentados y cesáreas del centro sanitario, para hacernos una idea de cómo proceden.

Una vez tengamos estos documentos e información, podemos ver si nos encaja parir ahí o mejor buscamos otro centro si existe la posibilidad de cambiar.

Si no existe posibilidad de cambio, tenemos derecho a redactar un Plan de Parto (que os animo a escribir siempre) donde dejemos por escrito nuestros deseos sobre el parto, y hacer que lo adjunten a nuestra historia clínica.

Es importante que quién hayamos escogido como acompañante para el parto, se haya leído nuestro Plan de Parto y esté al tanto de nuestros deseos, ya que llegará un momento en el que no estaremos para atender a nadie más que a nosotras mismas y nuestro cuerpo, y deberá ser quien nos acompañe el que vele por que se cumplan nuestros deseos y se nos informe de cualquier cambio de rumbo en los acontecimientos para dar nuestro consentimiento al respecto.

En resumen, NOSOTRAS PARIMOS, NOSOTRAS DECIDIMOS, y quienes tenemos alrededor tienen que estar ahí para cuidarnos, animarnos y respetar nuestros derechos, no para juzgarnos ni imponer su voluntad.

Estamos hablando de nuestro cuerpo y de nuestros bebés, y debemos tener claro que sobre eso nosotras somos las que sabemos lo que nos conviene.

En nuestro país es difícil disponer de una matrona que nos atienda y acompañe durante todo el proceso de parto si decidimos parir en un hospital o clínica, por lo que si queremos un parto normal (conocido como parto natural sin epidural), tener una doula en el parto puede darnos esa confianza en nosotras mismas y en la capacidad que tenemos para conseguir lo que deseamos.

Aprovecho para mandar desde aquí un agradecimiento a todos aquellos profesionales sanitarios que han conseguido cambiar los protocolos en pro de los derechos de las mujeres (en un proceso que es fisiológico y no médico), a los que están trabajando por cambiarlos y a los que se exponen a represalias por querer trabajar de una manera distinta.

Y aprovecho para animar a los que les gustaría que en sus centros se desarrollen prácticas más humanizadas a que luchen por el cambio, implicando a todas las partes, que las usuarias tenemos mucho que decir 😉

Y vosotras, ¿cómo vivisteis vuestro parto? ¿cómo os gustaría que fuese?

¿Queda poco para tu parto?

Si buscas una Doula que te acompañe durante el parto, contacta conmigo

Deja un comentario